Enfermedad de Chagas: entre el olvido y las desigualdades

Aunque la enfermedad de Chagas ha acompañado la humanidad durante años, muchos desconocen aún su existencia y sus implicaciones. A pesar de ser una enfermedad potencialmente curable cuando se detecta y se trata en estadíos tempranos, sus consecuencias siguen siendo devastadoras. Más de 8 millones de personas en el mundo la padecen y alrededor de 100 millones están en alto riesgo de contraerla.

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De carácter inflamatorio y origen infeccioso, la enfermedad de Chagas es una afección parasitaria causada por el protozoario Trypanosoma cruzi. Este parásito se transmite principalmente a través del contacto entre las deposiciones de triatominos (pitos) portadores del parásito y la nariz, ojos, boca y piel de las personas (herida previa o causada por la picadura del insecto). Al rascarse o frotarse, los parásitos entran al organismo, se multiplican y se distribuyen por el torrente sanguíneo llegando a ocasionar con el tiempo daños importantes principalmente en el corazón y el sistema digestivo. El parásito también puede transmitirse a través de transfusiones sanguíneas, trasplantes, durante el embarazo o al comer alimentos mal preparados (contaminados por las deposiciones del insecto o carne mal cocida de un animal infectado).

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Los triatominos viven principalmente en los países latinoamericanos, en el campo, en los troncos secos, palmas, cuevas y hojas secas. Se alimentan de la sangre de pequeños mamíferos como ratas, armadillos y zarigüeyas. Cuando el hombre vive cerca de su hábitat natural, éstos suelen ingresar a las viviendas en busca de alimento. Se esconden durante el día en las grietas de los techos y las paredes (de palma o de barro) de las casas y se vuelven activos en las noches cuando deben salir a alimentarse. Debido a los fenómenos de urbanización y de migración, hoy en día se pueden encontrar personas infectadas en ciudades y en países donde antes no existía esta enfermedad, convirtiéndola en un problema de salud pública aún mayor.
 
La enfermedad de Chagas consta de dos fases: aguda y crónica. Durante la primera fase (aguda), en la mayoría de los casos no se presentan síntomas. Sin embargo, en algunas ocasiones la enfermedad puede manifestarse por medio de fiebre, fatiga, dolor en el sitio por donde entró el parásito, roncha en la piel (chagoma), hinchazón de los párpados (signo de Romaña, cuando el parásito entró por los ojos), vómito y diarrea. Aunque los síntomas se desvanecen en cuestión de semanas o meses, el parásito no desaparece, sino que queda latente y puede reactivarse años después. La enfermedad crónica por su parte se presenta como agrandamiento del corazón, del esófago o del colon, falla cardiaca, arritmias o muerte súbita.
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Si bien existe un tratamiento específico y curativo contra el parásito que causa la enfermedad de Chagas, éste solo es eficaz durante la etapa aguda. La probabilidad de beneficiarse del tratamiento disminuye a medida que pasa el tiempo. Teniendo en cuenta que la enfermedad puede pasar desapercibida en la mayoría de los casos y que no hay vacuna contra ésta, es importante poner en práctica los métodos de prevención y control recomendados por las entidades sanitarias que incluyen el uso de insecticidas y mosquiteros, mejoras de las viviendas, buenas prácticas en el manejo de los alimentos y la realización de pruebas de tamizaje.
 
Se torna fundamental tomar conciencia de la existencia y consecuencias de la enfermedad de Chagas no solo porque en Colombia y en el mundo muchas personas la tienen o están en alto riesgo de padecerla, sino porque es primordial trabajar en conjunto para minimizar los riesgos de infección, apoyar las campañas de educación y prevención, así como impulsar el desarrollo de nuevas herramientas de diagnóstico, seguimiento y tratamiento.

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