En la fotografía: A la izquierda, Carlitos; a la derecha, Jader.

  • Abrió sus puertas hace mes y medio, y atiende niños altamente complejos, con leucemias y tumores sólidos malignos.
  • El instituto ha establecido alianza con UPMC (University of Pittsburgh Medical Center), para cumplir los protocolos médicos que han sido seleccionados en conjunto.
  • Hasta la fecha, el equipo de profesionales sigue con éxito la ruta determinada por Hemato-Oncología para el tratamiento de cada paciente. A través de comités institucionales, los expertos buscan tomar las mejores decisiones en cuanto al manejo de los casos.

Bucaramanga, enero de 2017. Carlos Daniel es un niño de dos años que llegó el pasado 27 de noviembre a Bucaramanga para recibir atención médica inmediata debido a su patología hematológica. Carlitos, como lo conocen en el centro hospitalario donde ahora recibe su tratamiento, es oriundo de El Peñita, Chocó, población que, como la mayoría de habitantes del departamento, tiene las necesidades básicas insatisfechas. Según Edith Longa Rivas, su madre, el paciente tuvo que ser remitido desde un hospital de Buenaventura porque la fiebre “no le bajaba con nada” y el dolor en su cuerpo tampoco cesaba.

Al igual que Carlitos, Jader, de cuatro años, fue trasladado a la ciudad debido a prescripción médica. Según cuentan sus familiares, el niño presentó fiebre, vómito y un fuerte dolor de cabeza durante tres semanas seguidas, además de una desviación en su ojo izquierdo. De acuerdo con Agripina Chávez, abuela del niño, tras acudir en repetidas ocasiones a su IPS, y buscar segundas opiniones de especialistas particulares que pudieran esclarecer su diagnóstico, decidieron viajar de Valledupar a Bucaramanga para confirmar que se trataba de un tumor canceroso en su sistema nervioso central.

Carlitos y Jader hacen parte de los números que demuestran un incremento significativo en el panorama de cáncer mundial. Según un informe de cancer.org, titulado “Global Cancer, Facts & Figures”, 163.300 nuevos casos ocurrieron entre niños de cero a 14 años de edad en 2012. De acuerdo con la publicación, las tasas de incidencia son generalmente más altas en países desarrollados que en los que están en vía de desarrollo, pues en estos últimos es difícil generar estadísticas precisas, y a menudo los casos no se notifican, ya que la mayor frecuencia de muertes se da por enfermedades infecciosas y desnutrición. De hecho, la Organización Mundial de la Salud indica que el pronóstico para los niños con cáncer en los países de ingresos bajos y medios es desalentador debido a los diagnósticos tardíos que conllevan a niveles bajos de eficacia en los tratamientos, las carencias de los hospitales, el padecimiento de otras afecciones en el paciente, y la falta de conocimientos entre quienes proveen atención primaria. Cabe resaltar que entre los tipos más comunes de cáncer identificados en niños y adolescentes están la leucemia y los tumores del sistema nervioso central.

Pese al panorama, en Santander existe un escenario clínico especializado en el tratamiento de pacientes con enfermedad hemato-oncológica. De acuerdo con la doctora Diana Valencia Libreros, hemato-oncóloga pediatra del Instituto de Cáncer, que hace parte del Hospital Internacional de Colombia, desde mediados de noviembre el complejo hospitalario ha tratado pacientes pediátricos con enfermedades hematológicas benignas, como la anemia de células falciformes; hematológicas malignas, como la leucemia y la aplasia medular; y tumores sólidos malignos, siendo los más frecuentes los tumores de SNC. A la fecha, señala la subespecialista, están siendo tratados cinco niños con debut de leucemia, una niña con aplasia medular, y cuatro niños con tumor de SNC, quienes han accedido a los protocolos establecidos por el instituto.

Sobre el caso de Carlitos

El primero de los pacientes diagnosticado con leucemia mieloide aguda, entró a UCI con severo compromiso de su estado general. “Cuando realizamos los estudios correspondientes, evidenciamos que todo su sistema esquelético estaba infiltrado por el cáncer, situación que le generó una descompensación metabólica y un dolor extremo –el cual fue tratado con fármacos por el grupo de Alivio de Dolor y Cuidado Paliativo–. Llevaba casi cinco días sin comer ni recibir soporte alimenticio, por lo que sufrió una desnutrición marcada. Lo anterior se suma al hecho de que la atención de su caso en la población de donde provenía no estaba siendo la más adecuada”, asegura Frank Serrato Roa, médico intensivista pediatra y coordinador de la Unidad de Cuidado Intensivo del HIC, departamento que trabajó en la estabilización de los sistemas vitales del niño, para que pudiera tolerar los siguientes procesos.

De acuerdo con el reporte de la doctora Valencia, Carlitos ya finalizó su primer ciclo de inducción, tratamiento que consiste en la administración de medicamentos quimioterápicos para lograr la remisión de la enfermedad. Según Martha Liliana Ordóñez, jefe de Operaciones Clínicas del Instituto de Cáncer, las primeras dosis suministradas mostraron cambios significativos en el niño. “Cuando Carlitos llegó se podía ver en él, el avance del cáncer, que estamos atacando de forma agresiva. Con el procedimiento, pueden ser ‘barridas’ todas las células tumorales para que no sigan proliferando”. Ahora, debido a que las defensas de su organismo bajan con el tratamiento, el paciente se encuentra inmunodeprimido y debe permanecer en una cámara especial de flujo de presión negativa; es decir, en aislamiento estricto para que el riesgo de recibir una infección de afuera sea poco probable.

Pese a que se trata de un caso de alta complejidad, la posibilidad que tiene Carlitos de ser tratado de manera adecuada, podrá mejorar su sobrevida y ofrecerle una expectativa de curación buena.

El caso de Jader

Por su parte, Jader fue el primer paciente atendido con tumor del sistema nervioso central, y así como Carlitos, fue recibido en la UCI pediátrica del hospital. El doctor Serrato Roa agrega que parte del enfoque integral que se les da a los niños oncológicos tiene que ver con el manejo de las complicaciones de la enfermedad, tanto antes como después de conocer el diagnóstico, “pues muchos de los cánceres debutan con un estado grave. Jader, por ejemplo, tuvo una condición neurológica que lo obligó a ingresar a Cuidado Intensivo”, área que participó, posteriormente, en el estudio de las neuroimágenes y en la decisión de la junta quirúrgica y oncológica, para llevar a cabo el tratamiento correspondiente.

Cabe resaltar que el trabajo que hace el grupo de oncohematología con UCI pediátrica es cercano y colaborativo, pues ésta última es parte activa en el cuidado de los pacientes. “Los niños, en ocasiones, llegan con masas tumorales que les comprimen el tórax o afectan su abdomen; también tienen problemas hematológicos que les producen anemia, sangrados, y alteran su estado metabólico y electrolítico”, afirma el médico intensivista.

Según el neurocirujano Vladimir Rodríguez Parra, a Jader se le realizaron estudios de imagenología. Una tomografía computarizada de la cabeza y una resonancia magnética cerebral, permitieron notar la masa cancerígena en su lóbulo occipital derecho. “Se programó para cirugía y fue todo un éxito, pues logramos una resección total del tumor”. En la intervención participaron los grupos de anestesiología e instrumentación, el personal de enfermería, los doctores Rodríguez Parra y el también neurocirujano, Iván Freire. “El futuro de los pacientes afectados por tumores cerebrales depende del tipo de célula cancerosa. En el caso de Jader, es necesario además de la cirugía, brindarle tratamiento adicional mediante radioterapia y quimioterapia”.

El médico especialista resalta que, si el paciente con esta patología pasa algún tiempo sin recibir atención, se empieza a deteriorar. En esa situación, el daño no sólo tiene repercusión en la parte motora o de pensamientos del niño, pues el tumor, al ubicarse en una zona aledaña a la región visual del cerebro, puede hacerlo perder más funciones, y de progresar, implicaría un riesgo de muerte.

Jader ha ingresado a un tratamiento multimodal siguiendo un protocolo del Children’s Oncology Group (COG). La quimioterapia que está recibiendo tiene el objetivo de sensibilizar la célula tumoral a la radioterapia −aplicada en un acelerador lineal de avanzadas características− para lograr un resultado efectivo con las menores secuelas; por lo anterior, el tratamiento exige una alta coordinación y especialización. Según el doctor Rodríguez, “la sobrevida en estos niños está alrededor de un setenta por ciento a cinco años; gracias a los resultados de la intervención quirúrgica y a las sesiones de la terapia de radiación, Jader va a tener un estado funcional muy bueno, que le va a permitir desarrollarse y disfrutar de su edad”.

Apoyo permanente

Las madres de los dos pacientes pediátricos se encuentran acompañando a sus pequeños las 24 horas en el hospital. “Ha estado mejor ahora, no le ha dado fiebre y lo he visto contento, jugando”, cuenta Edith, refiriéndose al estado de Carlitos. Por otro lado, Cindy Paola García, mamá de Jader, manifiesta que pese a que últimamente el niño se ha sentido débil, el tratamiento le ha hecho bien. “Estamos preparados para ayudarle a superar los efectos secundarios de las terapias”.

Según la doctora Diana Valencia, los pacientes se mantienen estables. “Son fuertes y han respondido muy bien a los procedimientos”, ratifica, mientras los profesionales continúan cumpliendo la ruta trazada por Hemato-Oncología, de acuerdo a los comités de participación multidisciplinaria. Cabe resaltar que la observación del estado clínico de los pacientes será continuo, a través de las diferentes etapas de su vida y dependerá, en gran medida, de su patología.

PILAR ANDREA SALCEDO AMOROCHO

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OFICINA DE PRENSA – FCV