En el ‘Día Mundial del Donante de Órganos y Tejidos’, que se celebra mañana 14 de octubre, la FCV − Fundación Cardiovascular de Colombia, hace un llamado a donar.

Bucaramanga, octubre de 2016. En Colombia, la necesidad de un trasplante de órganos es apremiante. De acuerdo con el informe ejecutivo presentado por la Red de Donación y Trasplantes, en 2015, 2.162 pacientes esperaban la donación de un órgano o tejido para salvar o mejorar su calidad de vida. Pese al panorama, hoy son más las personas que fallecen ante la escasez de donantes.

Ante la situación, el pasado 8 de agosto, el gobierno actual aprobó la Ley 1805, en la que todos los colombianos son potenciales donantes, a menos que en vida decidan no serlo. Quienes por voluntad propia resuelvan no donar órganos o tejidos, deben hacerlo explícito a través de un documento escrito, autenticado por un notario público, y radicado ante el Instituto Nacional de Salud (INS). Asimismo, pueden expresarlo en el momento de afiliación a una Entidad Promotora de Salud (EPS).

Para Javier Castro Monsalve, cardiólogo pediatra del Instituto Cardiovascular de la FCV −organización que recientemente inauguró el Hospital Internacional de Colombia−, “lo más importante, más allá de la norma, es pensar que estamos haciendo lo correcto; en ese sentido es lograr que la gente done porque le va a servir a una persona, que bien puede ser un hijo, o un familiar”. Cabe resaltar que un donante puede beneficiar hasta 55 vidas, pues tiene la posibilidad de poner a disposición de otros, hasta ocho órganos vitales y 47 tejidos.

Pese a que se han realizado campañas a nivel nacional que buscan sensibilizar a los ciudadanos frente al tema, existe un porcentaje de negativa global que en 2015, aumentó a 39%; vale la pena acotar que a noviembre del año pasado, fueron aplicadas 739 entrevistas familiares en total, para obtener dichos resultados. Eso quiere decir que, aproximadamente de cada 10 familias a las que se les preguntó si donarían, cuatro respondieron que no.

Frente a esto, Castro Monsalve expresa que la decisión puede ser tomada de acuerdo a cuestiones culturales o por falta de información. “La muerte todavía es un tabú en el país; aún así, el estar en una situación en donde usted puede ayudar a muchas personas con la donación, es algo muy valioso. Si quiere donar, no lo piense, dígalo, háblelo con su familia”.

El trasplante, un camino de esperanza

Para el médico coordinador de Trasplantes de la FCV, Fernando Quintero Costea, cuando la donación se lleva a cabo, la efectividad del trasplante en el paciente supera el 90 por ciento, por lo que aumentan los casos de éxito. “Lo que nosotros queremos es crear una cultura de donación en la comunidad santandereana, que tenga repercusión en todos los ámbitos sociales, desde los hogares hasta las instituciones gubernamentales. Aspiramos a que los pacientes que ingresen a la clínica y fallezcan con muerte cerebral, hayan conversado previamente con sus familias y acepten la donación por lo menos de alguno de sus órganos; y que todo el personal médico y asistencial que trabaje en los diferentes centros hospitalarios de la región conozca del tema”.

Historias de ‘vida nueva’ por contar, hay muchas. Una de ellas es la de Mariana Barros Sarmiento, una bebé de un año y medio que llegó a la institución en condiciones críticas. Ella, así como su hermano mayor, Danilo, nació con una miocardiopatía −enfermedad del músculo cardíaco−, conocida como ventrículo izquierdo no compactado. Clínicamente, la patología presenta insuficiencia cardíaca (habitualmente severa), embolia sistémica, arritmias, y puede llegar a causar muerte súbita. Mariana, remitida desde una clínica en Medellín, estuvo conectada durante 29 días a ECMO, un equipo que permite reemplazar el cien por ciento de la función cardiaca y pulmonar; no obstante, pese a que fue estabilizada con dicha tecnología y después tratada con ciertos medicamentos mientras estaba en UCI, era inminente la necesidad de un trasplante. Tras cuatro meses en lista de espera, el pasado 4 de septiembre, la bebé recibió su corazón. Ahora se encuentra en constantes chequeos médicos en la clínica, atenta a la orden médica que le permita regresar a su casa en Puerto Colombia y continuar su niñez con normalidad. Para Patricia Sarmiento Tapias, mamá de Mariana, ese fue un acto de misericordia, un gesto de amor, “porque la familia, a pesar de su dolor, decidió ayudar a otro bebé. Para mí esas personas son ángeles, ángeles dando vida”.

Por su parte, el señor Eduardo Raguá Casas, otros de los pacientes trasplantados, tuvo la fortuna de recibir un corazón a los dos días después de haber llegado al Instituto Cardiovascular con un infarto de miocardio, es decir, con una lesión en los tejidos del corazón que alteraron el ritmo de sus latidos por obstrucción de las arterias. A los 61 años, fue atendido de urgencias y a diferencia de la mayoría de usuarios, contó con la suerte de estar en espera por pocas horas. Hoy, después de ocho años de haber recibido el corazón de un donante que sufrió muerte cerebral, disfruta los días al lado de su esposa, sus tres hijas y sus cuatro nietos. “Tenemos que convencernos a nosotros mismos de que la vida es prestada. Estoy aquí por la voluntad que tuvo una familia −no se quiénes son y ellos tampoco me conocen−, pero gracias a su disposición, se convirtieron en protectores de mi vida. Todo el mundo debería ser así, dejar el egoísmo al lado y darle la oportunidad a otra persona para que continué su camino”.

Actualmente, en la FCV existen 11 pacientes adultos en espera de riñón, cinco de hígado, dos de corazón; y también, tres niños en lista prioritaria para recibir el órgano vital. Hay que mencionar que un donante puede tener entre uno y 65 años, y que los factores que se tienen en cuenta a la hora de realizar el procedimiento es la compatibilidad del grupo sanguíneo, el peso y la talla de la persona. Aunque la mayoría de los trasplantes se dan cuando hay fallecimiento con diagnóstico de muerte encefálica, en determinadas circunstancias se puede obtener un riñón, una parte del hígado, o una parte del pulmón, a partir de un donante vivo, siempre que este hecho no represente poner en peligro su vida.

PILAR ANDREA SALCEDO AMOROCHO

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OFICINA DE PRENSA – FCV